Siempre tú… ¡Carmela!

Hay personas a las que no hace falta conocer para aprender a quererlas. Hay madres que han parido muchas más veces que las que dice su libro de familia. Como diría Lorca… “Hay almas a las que uno tiene ganas de asomarse, como una ventana llena de sol”. Hay mujeres que nunca nos dejarán aunque ya se hayan marchado. Y hay ataúdes que encierran más de un corazón.

El de Carmela a duras penas debe cerrar porque en él se atrincheran toneladas de amor, de recuerdos tatuados con la tinta más permanente de todas: la emoción. Carmela no es sólo ELLA, es la suma de 6 hijos, 13 nietos y 9 bisnietos. Carmela es más que ELLA. Es la suma de sus hermanos, de su cuñada, amiga y confidente (la Tita). Carmela, en realidad, es cada día de mercadillo, cada familia de su parroquia, cada vecino de la Chana, cada puesta de sol en La Herradura.

 

Carmela ha sido 89 años y 8 meses de VIDA MAYÚSCULA. De la vida que realmente lo es: esa en la que se vive con la cabeza alta, los brazos abiertos, la sonrisa fresca y la mesa puesta. Porque como recuerda su hijo Ángel en labios de Machado… «Carmela era, en el buen sentido de la palabra, una mujer buena». Y tanta generosidad sólo podía dar un fruto: una familia inmensa (en todos lo sentidos).

Esa misma familia celebra hoy el primer Día de la Madre sin ella. Carmela dijo ‘hasta siempre’ el 5 de abril de 2022 y a partir de ahí empezó una larga lista de ‘primeras veces’ sin su presencia. Nadie dijo que sea fácil. Las únicas agujas que pueden coser esa tristeza son las del reloj.

Pero la vida ha querido que hoy el Día de la Madre coincida con el Día del Trabajo. Así es que era imposible dejar escapar esta bonita casualidad para anclar en este blog que lleva su nombre, una semblanza de todos y cada uno de los valores que ELLA, al igual que muchas mujeres de su generación, representa.

Carmela es el arroz en familia de todos los domingos. O lo que es lo mismo, el pegamento que une con el espíritu del cariño, el sacrificio, el esfuerzo y la constancia. Carmela son las piernas cansadas por el trabajo y los años pero a las que se agarraban felices sus nietos nada más verla asomar. Carmela es la palabra SÍ cosida a su lengua incluso antes de que alguien le pidiese ayuda. Carmela es el chascarrillo, el sentido del humor más libre que existe (ese que sólo persigue hacer reír y no reírse de nadie)

Carmela es poner cara de foto, es decir, la mejor de las sonrisas. Y no por vanidad, sino porque nació en un tiempo en el que las fotos son el arma más poderosa para combatir el olvido. Carmela son los vestidos de colores, los ojos surcados de experiencia y desvelos, pero con eterna mirada de niña.

Carmela son las ganas de HACER FELIZ, no sólo de serlo. Y ese es el motivo por el que su hija Mamen y su yerno al que quería como otro hijo (Pepe), eligieron su nombre para un proyecto que ha terminado siendo lo que a ella mejor se le daba: una FAMILIA.

Y por eso Carmela siempre estará presente (y no sólo en las paredes de la casa de sus hijos o en el fondo de pantalla del móvil de sus nietos) Nos acompañará siempre en cada plato hecho a fuego lento, en cada palabra amable de bienvenida, en cada sobremesa infinita regada con café y risas.

Porque hay personas que merecen tanto la pena, que son alegría.

Ella, Carmela, ha sido y será siempre una madre eterna, una trabajadora incansable, una mujer hermosa pero, sobre todo, una de esas personas a las que no hace falta conocer para aprender a quererlas. Una de esas almas a la que uno tiene ganas de asomarse, como una ventana llena de sol ¿verdad Federico?

Feliz Día de Ti. Tus hijos, tus nietos, tu FAMILIA, te quiere.
¡Siempre tú! Carmela

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